El Asedio a Baal

Buenas a todos. Mucho tiempo sin posts y demasiado tiempo con el blog abandonado. Un día como el de hoy, que casualidad coincide con mi cumpleaños, vamos a intentar dejar esa inactividad de lado.

Unos cuantos bloggers que jugamos a Warhammer 40.000 vamos a iniciar una campaña ambientada en los últimos días de los Ángeles Sangrientos. Y que mejor que acompañarlo de una serie de relatos?? Y como no. Relatos que se convertirán en una buena fuente de entradas para el blog.

En este punto, os dejamos con el prologo. El siguiente capitulo será el resultado de la batalla librada entre los valerosos Ángeles Sangrientos y los feroces Tiránidos.

“PROLOGO”

Los Ángeles Sangrientos veían su voluntad y resistencia puestos a prueba como nunca antes. Una Flota Enjambre, bautizada como Croatoan se encontraba en ruta directa hacía Baal. Por si fuera poco, gran parte del Capitulo estaba asentado en Ammonai, defendiéndolo de las hordas del ¡Waaagh! lideradas por el poderoso Kaudillo Orko Gorbash,  mientras que el resto de compañías se encontraba en Armaggedon. Eran pocos los hermanos que quedaban disponibles para hacer frente a la hambruna y la ferocidad de los Tiránidos. Dante lo sabía y aunque era reacio a solicitar ayuda se movió con diligencia. La Flota Enjambre rondaba los límites de Marsha. Tras Ammonai, el segundo planeta mas externo del sistema Baal. Aún así, ante la posible magnitud que implicaba una guerra en 2 frentes simultáneos, varios capítulos sucesores se unieron a los Ángeles Sangrientos bajo un único estandarte. La defensa de Baal y la erradicación de la nueva Flota Enjambre que asolaba los mundos humanos.

Desde la fortaleza-monasterio de Baal, los psíquicos más poderosos anunciaron que algo oscuro se acercaba desde la Disformidad. Un gran ejercito demoniaco y aunque eran cautelosos los temores de que se trataba del temido Ka´Bandha crecían en intensidad. El demonio que antaño intento corromper a Sanguinius, y tras su negación, fue posteriormente aniquilado por el primarca alado en Terra. La sed de venganza recaía sobre los hijos del desaparecido primarca, y los Ángeles Sangrientos eran conscientes del peligro que implicaba la batalla. Mas aún teniendo tantos frentes por la supervivencia abiertos al mismo tiempo. A pesar de ello, la rabía negra y la sed de sangre se iban intensificando sin pausa, a la vez que las premoniciones de los psíquicos se volvían más nítidas. El Kaos se unía al asedio de Baal. La tierra natal de los Ángeles Sangrientos.

Mientras el crucero de batalla “Puño de Baal” mantenía a salvo el espacio de Ammonai sobre indeseadas invasiones, varias compañías luchaban encarnecidamente frente a los pieles verdes. Incluso el mismo Mephistón se encontraba liderando la expulsión de las hordas Orkas de los dominios de Baal. Ante la amenaza Tiránida, Dante, ordenó a Mephiston que retornase a Baal Secundus junto a la segunda compañía. Su intención era prepararlos para combatir al Enjambre, y sin duda, eran los mejor preparados.  La campaña de Ammonai bien podía soportar un ligero retraso en su avance y es por ello, que también mandó a la flota espacial al encuentro de los nuevos adversarios. Dejando un reducido destacamento espacial en Ammonai. A su vez, Dante con el consenso de Mephistón, envío al bibliotecario Ultor junto a una vanguardia de la segunda compañía a Marsha. En Marsha se encontraba el “ojo de Sanguinius”. Una de las dos potentes estaciones de observación que escaneaba y analiza toda la galaxia. Fue el segundo ojo, el de Baal Prime, el que localizó la amenaza Tiránida, y el bibliotecario fue enviado para conocer el número exacto de la Flota Enjambre, a parte de recalar información sobre los temores del ejército demoniaco de Ka´Bandha.

Dante, que monitorizaba todas las operaciones desde la fortaleza-monasterio viajó a la colonia de Baal Prime. A la Caída del Ángel, bajo la gigantesca estatua de Sanguinius para realizar sus oraciones y conseguir su bendición. Allí bajo la imponente mirada del primarca, se reunió con Gabriel Seth. Señor del Capítulo de los Desgarradores. Los Desgarradores eran conocidos por sus milenios de salvajismo sin control. Se habían convertido en unos marginados y a pesar de generar desconfianza en Dante, su fuerza de combate era necesaria para la supervivencia de ambos capítulos. El planeta natal de los hermanos de los Ángeles Sangrientos, Cretacia, se había convertido en una masiva armería automatizada. Habían sido sus bibliotecarios, quienes tras rastrear el éter habían descubierto la llamada astropática de ayuda de su primogénito. Todas las fuerzas de combate de los Desgarradores habían sido llamadas a la guerra, y estas absorbidas por la sed de Sangre no lo dudaron ni un instante.

Masrha había sucumbido al miedo. Sus habitantes aseguraban que sombras imponentes y escurridizas acechaban en la noche. Aunque los sensores espaciales y fuerzas psíquicas no habían detectado el acercamiento de ninguna flota al espacio de Masrha, el comandante Dante desconfiaba. El planeta era el principal suministrador de recursos armamentísticos de los Ángeles Sangrientos, es por eso que el señor del Capítulo había enviado un destacamento con el bibliotecario Ultor al frente.

Una vez asentados en el centro de mando, los marines fueron informados de los temores de la población de Marsha. El planeta escaseaba en defensas terrestres. Los impresionantes cañones estelares eran capaces de repeler con facilidad cualquier ataque orbital que pudiese amenazar a los Baalitos. A parte de los hermanos que se encontraban en la base militar, la mayoría novatos que realizaban operaciones de entrenamiento, la resistencia restante constaba de la guardia imperial. En ambos casos, guerreros sin experiencia en combate. Es por eso, que Ultor decidió llevarse consigo un pequeño grupo de guerreros de elite y veteranos. El ojo de Baal Prime apuntaba a la campaña de Ammonai mientras que el de Marsha lo hacía a la Flota Enjambre. Dante se mostraba inquietado sobre el posible ataque del Kaos. ¿Pero qué ocurría con el resto de planetas que completaban Baal? El bibliotecario Ultor fue nombrado general de la campaña de reabastecimiento y defensa de las colonias civiles. Al fin y al cabo los Ángeles Sangrientos no podrían existir sin los suministros tanto humanos como materiales que les aportaban sus colonias.

La primera orden de Ultor fue mandar una patrulla de reconocimiento a una de las tribus para recopilar información. Los avistamientos civiles, ¿se trataban en realidad de una amenaza importante o tan solo eran bestias y mutantes que vagaban por la oscuridad? Viendo lo que en la lejanía comenzaba a hacerse realidad, la Flota Enjambre y un posible ataque demoniaco, no se podían permitir decisiones temerarias. Cualquier precaución era necesaria, por muy absurda que fuera la amenaza.

Las tropas enviadas por Ultor a la aldea se bajaron de sus Rhinos. Como perfectos soldados que eran, rápidamente apostaron a los holgazanes soldados imperiales que vieron la entrada de los Ángeles Sangrientos de forma sorpresiva. Los Baalitos se acercaron entre gritos y aplausos. La inmensa mayoría jamás había visto un marine espacial desde tan cerca. El intenso sol cubría las servo-armaduras rojas de los hijos de Sanguinius y el sargento se dirigió al líder de la tribu. El segundo al mando levantó el puño y su escuadrón tomó posiciones defensivas. Un par de novatos se quedó trabado entre una multitud de niños y estos al ver que su superior les miraba atentamente, corrieron apresuradamente ante la atenta mirada del resto de civiles. Los soldados de la guardia imperial balbuceando comentaron la acción entre risas. El sargento entró en la casa con el líder Baalito mientras que el oficial y una escolta personal de 2 marines espaciales cubrían la puerta de la residencia.

La misión de los marines espaciales constaba de tres puntos. El primer punto era interrogar a la población civil y obtener el mayor número de pruebas, el segundo era buscar cualquier indicio de amenaza en base a las pruebas obtenidas y por último, el tercero, era la erradicación de la amenaza. Pasaron varias horas mientras el sargento se encontraba reunido. El resto de marines permanecía inmóvil en sus posiciones mientras esperaban al sargento Phaetel. Uno de los ansiosos novatos, llamado Kornael, comenzó a impacientarse.

– Necesito orinar.

– ¿No puedes esperar Kornael? –contestó el hermano, a la vez que hizo un gesto para silenciarlo.

– No aguantó más. Esto es ridículo.

– ¿Acaso eres estúpido? Maldita sea. Somos Marines Espaciales. Si hace falta orínate encima pero no pierdas tu posición y mucho menos desobedezcas una orden.

– ¿Cuánto hace que salimos del campo de entrenamiento táctico? ¿2 semanas?

-No. Mañana se cumplen 12 días.

– Se supone que esta es nuestra primera misión. Y se trata de esperar durante, 5 largas horas, sin hacer nada, a que nuestro sargento salga de una vez por todas. ¿Y el reto es probar nuestra resistencia ante las necesidades básicas?

– No quiero continuar con esta estúpida conversación Kornael. – Finalizó el enojado Marine Espacial.

-¡Hemos detectado algo! – grito uno de los guardias imperiales.

Los 2 hermanos se miraron y el hermano que estaba en la puerta del líder de la tribu les hizo un gesto de afirmación. Los 2 novatos se acercaron apresuradamente al puesto de los soldados, que con la ayuda de unos prismáticos intentaban vislumbrar unas sombras en el vasto desierto. Los 2 Marines Espaciales activaron sus 2 sensores de campo y comenzaron a chequear unos peñascos. Algo se movía. No sabían exactamente de qué se trataba pero sin duda no era humano. El intercomunicador resonó en el interior de sus servo-cascos.

– ¡Marines! – gritó el sargento Phaetel. – ¡Quiero que me digáis que cojones se está moviendo en el puto desierto! Si es un asqueroso mutante, un puto animal o un repugnante orko. Quiero un informe y lo quiero ya. Si hace falta mover vuestros impolutos culos hacía allí.

– ¡Si señor! – contestaron al mismo instante los 2 hermanos.

Cuando se disponían a montarse en el Rhino, junto a otros 4 hermanos, uno de los soldados Imperiales gritó. – ¡TIRÁAAAAAAANIDOS!

Segundos después los sensores de los marines no se equivocaron. Eran Tiránidos. Aunque no eran un gran número, superaban en 10 a 1 a los marines espaciales, y los veloces Tiránidos se dirigían a toda velocidad hacía la aldea. Ante la imposibilidad de mandar un mensaje a Ultor debido a unas imprevistas y desconocidas interferencias, los valerosos Ángeles Sangrientos se vieron obligados a responder a la amenaza y proteger a los Baalitos que huían aterrorizados hacía sus casas. Los alienígenas corrían al descubierto, bajo el cobijo de la noche, hacía el poblado. Los prolegómenos para la batalla ya habían llegado a su fin.

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